Era un miércoles por la
tarde. Cursaba el cuarto semestre de preparatoria. Ese día los del grupo uno salimos a las 14:20, pero yo esperaba a mis amigos que iban en el grupo ocho y
salían hasta las 15:10. En ese lapso de tiempo en que los esperábamos, me iba con mi mejor amiga
Zulma al “centro de salud”. Apodado así al lugar clandestino donde se reunían
todos los jóvenes para beber. El lugar quedaba a las afueras de la escuela donde siempre había estudiantes de preparatoria o de la universidad cercana bebiendo,
o compañeros de la escuela que se habían ido de pinta. El lugar era un punto de
reunión para toda la escuela. Y la curiosidad despertaba cuando los del primer
semestre entraban y oían hablar de aquel peculiar lugar. Algo muy similar me
paso con la “Frontera”. El centro de salud lo atendía un matrimonio de
viejitos. La señora vendía cervezas y el señor pulque, no muy bueno para ser
sinceros pero con poco dinero era muy efectivo.
Zulma y yo fuimos a
esperarlos, estuvimos con más compañeros del salón bebiendo en lo que llegaban.
La tarde era nublada. Zulma era mi mejor amiga y nunca hubiera intentado algo
más con ella hasta ese día. Nos salimos del centro de salud y fuimos a unas
bancas a esperarlos. Estábamos completamente solos, cosa que pasaba muy a
menudo. Algo en ese momento paso que me hizo decirle que porque nunca nos
habíamos besado. Ella se extraño por mi pregunta y simplemente contesto que porque
éramos amigos. Seguimos sin decirnos nada, fue extraño, siempre teníamos algo
de qué hablar. No fue hasta que exclame, ¿y si no lo fuéramos? , ella respondió
con un silencio incomodo que se prolongo
por unos cinco minutos, no sé, te digo mañana, respondió.
Al día siguiente saldríamos
a la misma hora y teníamos que esperar a nuestros amigos. Esta vez no fuimos al
centro de salud. Los esperaríamos afuera de la escuela en unas bancas. Cuando
nos sentamos, inmediatamente le pregunte:
y entonces qué con lo que te dije ayer. Se quedo en silencio y pareciera como
si todos se hubieran callado. Me harte de su silencio y le dije: no te preocupes,
seguiremos siendo amigos, no cambiara nada entre nosotros. Me volteé y rápidamente
me agarro de las manos, me miro a los ojos y me dijo: ¿Me quieres? Yo conteste
que sí, pues la quería de infinitas maneras.
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