lunes, 10 de junio de 2013

Centro de Salud

Era un miércoles por la tarde. Cursaba el cuarto semestre de preparatoria. Ese día los del grupo uno salimos a las 14:20, pero yo esperaba a mis amigos que iban en el grupo ocho y salían hasta las 15:10. En ese lapso de tiempo en  que los esperábamos, me iba con mi mejor amiga Zulma al “centro de salud”. Apodado así al lugar clandestino donde se reunían todos los jóvenes para beber. El lugar quedaba a las afueras de la escuela donde siempre había estudiantes de preparatoria o de la universidad cercana bebiendo, o compañeros de la escuela que se habían ido de pinta. El lugar era un punto de reunión para toda la escuela. Y la curiosidad despertaba cuando los del primer semestre entraban y oían hablar de aquel peculiar lugar. Algo muy similar me paso con la “Frontera”. El centro de salud lo atendía un matrimonio de viejitos. La señora vendía cervezas y el señor pulque, no muy bueno para ser sinceros pero con poco dinero era muy efectivo.
Zulma y yo fuimos a esperarlos, estuvimos con más compañeros del salón bebiendo en lo que llegaban. La tarde era nublada. Zulma era mi mejor amiga y nunca hubiera intentado algo más con ella hasta ese día. Nos salimos del centro de salud y fuimos a unas bancas a esperarlos. Estábamos completamente solos, cosa que pasaba muy a menudo. Algo en ese momento paso que me hizo decirle que porque nunca nos habíamos besado. Ella se extraño por mi pregunta y simplemente contesto que porque éramos amigos. Seguimos sin decirnos nada, fue extraño, siempre teníamos algo de qué hablar. No fue hasta que exclame, ¿y si no lo fuéramos? , ella respondió con un silencio incomodo  que se prolongo por unos cinco minutos, no sé, te digo mañana, respondió.

Al día siguiente saldríamos a la misma hora y teníamos que esperar a nuestros amigos. Esta vez no fuimos al centro de salud. Los esperaríamos afuera de la escuela en unas bancas. Cuando nos sentamos, inmediatamente  le pregunte: y entonces qué con lo que te dije ayer. Se quedo en silencio y pareciera como si todos se hubieran callado. Me harte de su silencio y le dije: no te preocupes, seguiremos siendo amigos, no cambiara nada entre nosotros. Me volteé y rápidamente me agarro de las manos, me miro a los ojos y me dijo: ¿Me quieres? Yo conteste que sí, pues la quería de infinitas maneras.

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