domingo, 16 de junio de 2013

Un rancho

El rancho de mi tío es un lugar muy especial para mí.Ahí es donde pasé gran parte de mi infancia al lado de mis primos, que son cómo mis hermanos: Raúl, Ivan, Ángel, Abel y Jesús o cómo todos le apodamos, Chiton.
Este lugar se encuentra a 15 minutos de Axapusco, Cabecera del Municipio, en un pueblo llamado Hueyapan. Ahí se sitúa una hacienda, austera y  de escasa visita turística.
En cuanto al rancho, es un bonito lugar, lleno de pinos rodeando la casa, un gran jardín con árboles de fruta, caballerizas, corrales para los animales y hectáreas de campo que eran destinadas para la cosecha  de  maíz, cebada, trigo y avena. Nuestra niñees se rodeo del campo, de ese pequeño pueblo, y las cosas comunes de ese lugar.

En vacaciones, qué era cuando pasábamos la mayor parte del tiempo; montábamos a caballo, en burro y hasta en borregas. Nos íbamos a  vivir prácticamente una semana, y nuestros padres nos llevaban comida y ropa. Dormíamos en la casa de mi tío o generalmente cómo nos gustaba más, acampábamos junto los árboles, lejos de casa, prendíamos una fogata, comíamos bombones y nos contábamos historias de terror.

Cuando despertábamos, nosotros preparábamos nuestro desayuno, que por lo general eran huevos con salchichas, y que siempre se nos quemaban. Después de desayunar, le ayudábamos al capataz del rancho, por así decirlo, a realizar sus labores diarias,y qué prácticamente nos dedicábamos a jugar. Como niños curiosos que éramos nos pasábamos preguntando por las labores que realizaba. Luego nos llevaba en carreta a cortar cebada, cuidar borregas, y darles alimento a los caballos. Después cada quien tomaba un caballo, lo ensillaba y cabalgamos al cerro, donde ahí Felipe raspaba los magueyes para extraer agua miel, fermentarlo, y hacer pulque.
Cómo a medio día, jugábamos futbol entre nosotros y vecinos del rancho,  mientras que las retas se alargaban por horas y al final se decidían por el clásico “gol gana”.
Después de jugar, íbamos a una cisterna enorme, que se encontraba en la Hacienda de Hueyapan, donde sin temor a nada, nos metíamos al agua. la cual medía como metro y medio. El agua extraída de un poso cercano y  que era destinada para los campos.



En ese lugar viví muchas experiencias felices y que no olvidare, hasta la fecha mis primos y yo, lo visitamos frecuentemente, pero ahora no para jugar o a montar a caballo si no para hacer fiestas y más cosas de jóvenes. 

lunes, 10 de junio de 2013

Centro de Salud

Era un miércoles por la tarde. Cursaba el cuarto semestre de preparatoria. Ese día los del grupo uno salimos a las 14:20, pero yo esperaba a mis amigos que iban en el grupo ocho y salían hasta las 15:10. En ese lapso de tiempo en  que los esperábamos, me iba con mi mejor amiga Zulma al “centro de salud”. Apodado así al lugar clandestino donde se reunían todos los jóvenes para beber. El lugar quedaba a las afueras de la escuela donde siempre había estudiantes de preparatoria o de la universidad cercana bebiendo, o compañeros de la escuela que se habían ido de pinta. El lugar era un punto de reunión para toda la escuela. Y la curiosidad despertaba cuando los del primer semestre entraban y oían hablar de aquel peculiar lugar. Algo muy similar me paso con la “Frontera”. El centro de salud lo atendía un matrimonio de viejitos. La señora vendía cervezas y el señor pulque, no muy bueno para ser sinceros pero con poco dinero era muy efectivo.
Zulma y yo fuimos a esperarlos, estuvimos con más compañeros del salón bebiendo en lo que llegaban. La tarde era nublada. Zulma era mi mejor amiga y nunca hubiera intentado algo más con ella hasta ese día. Nos salimos del centro de salud y fuimos a unas bancas a esperarlos. Estábamos completamente solos, cosa que pasaba muy a menudo. Algo en ese momento paso que me hizo decirle que porque nunca nos habíamos besado. Ella se extraño por mi pregunta y simplemente contesto que porque éramos amigos. Seguimos sin decirnos nada, fue extraño, siempre teníamos algo de qué hablar. No fue hasta que exclame, ¿y si no lo fuéramos? , ella respondió con un silencio incomodo  que se prolongo por unos cinco minutos, no sé, te digo mañana, respondió.

Al día siguiente saldríamos a la misma hora y teníamos que esperar a nuestros amigos. Esta vez no fuimos al centro de salud. Los esperaríamos afuera de la escuela en unas bancas. Cuando nos sentamos, inmediatamente  le pregunte: y entonces qué con lo que te dije ayer. Se quedo en silencio y pareciera como si todos se hubieran callado. Me harte de su silencio y le dije: no te preocupes, seguiremos siendo amigos, no cambiara nada entre nosotros. Me volteé y rápidamente me agarro de las manos, me miro a los ojos y me dijo: ¿Me quieres? Yo conteste que sí, pues la quería de infinitas maneras.